El Niño extremo: alertan por inundaciones, sequías y aumento de enfermedades en Latinoamérica
Este fenómeno climático comenzó en junio y se extenderá posiblemente hasta 2027. Se espera que sea potenciado por el calentamiento global.
El impacto de los efectos más graves de El Niño están a la vuelta de la esquina y los especialistas extremaron el llamado de atención para América Latina: anticipar las consecuencias de este fenómeno no significa saber con exactitud matemática qué va a ocurrir.
Es crucial utilizar la información científica disponible para reconocer escenarios de riesgo, prepararse y actuar con la mayor antelación posible para mitigar las crisis sanitarias que se desprenden de los fenómenos climáticos extremos.
El impacto de El Niño no depende solo de su intensidad sino también se combina con otros factores climáticos y el contexto de un clima en calentamiento global. Una investigación internacional publicada recientemente analizó el desafío sanitario que se prevé que comience a golpear con fuerza a mediados de este año y se extienda hasta principios de 2027.
De acuerdo con las últimas proyecciones, durante el trimestre julio-agosto-septiembre de 2026 existe una probabilidad cercana al 100 % de que continúe la fase de El Niño. Sin embargo, el fenómeno aún está en desarrollo pic.twitter.com/bX4jdoPJ25
Más de la mitad de los modelos estiman que las anomalías de la temperatura en la superficie del océano Pacífico superarán los 3° para diciembre de 2026, una magnitud comparable a la del devastador evento extremo registrado en 2015-2016.
¿Cómo se encuentra América Latina ante la llegada de El Niño? El impacto de El Niño en América Latina suele manifestarse a través de un comportamiento geográfico opuesto. Mientras se proyectan lluvias torrenciales e inundaciones en el norte de México, Perú, Ecuador, Chile y Uruguay; zonas como el Corredor Seco centroamericano, el norte de Brasil, Colombia y Venezuela enfrentarán sequías severas.
Únicamente en 2023, coincidiendo con el inicio de El Niño, el continente sufrió unas 8,436 muertes en exceso asociadas a olas de calor extremo. La investigadora principal del estudio, Yasna Silva, explicó a C5N que el comportamiento de este fenómeno exige repensar las estrategias de salud: "El Niño no es un fenómeno local, sino una reorganización de la circulación atmosférica tropical. Debido al cambio climático que está ocurriendo en paralelo, es probable que se vea exacerbado y más extremo".
Silva detalló una de las paradojas más peligrosas sobre una de las enfermedades que puede potenciarse por estas condiciones, como es el caso del dengue: "El calor acorta el desarrollo larvario y el período de incubación extrínseca del virus, de modo que la transmisión se acelera semanas antes de lo habitual. Y hay una paradoja clave: la sequía también aumenta el riesgo, porque cuando falla el suministro los hogares almacenan agua y multiplican los potenciales criaderos".
La especialista prefiere no alarmar sobre un incremento de la enfermedad en los próximos meses, ya que "esto podría no traducirse 100% en un aumento de dengue, puede que si o puede que no, todo dependiendo de cuán bien o no nos preparemos. Por lo que la ventana de acción es ahora, antes del pico estacional".
Para poder estar preparados ante esta situación los gobiernos deberán tomar cartas en el asunto. "El control vectorial debe ir acoplado a un abastecimiento confiable y a la gestión de residuos sólidos. Concretamente: estratificar territorios por riesgo con vigilancia entomológica y pronósticos climáticos, eliminar criaderos en depósitos domiciliarios, cementerios y neumáticos, sostener el trabajo comunitario y preparar la capacidad clínica para el manejo temprano".
Reconocer escenarios de riesgo, prepararse y actuar con mayor anticipación "Lo importante, desde la salud pública, es contar con planes de vigilancia activa, tanto ambiental como de salud y casos de dengue, para tomar acciones tempranas de preparación o correctiva. Esta información debe comunicarse de manera clara, precisa y a tiempo a las comunidades, en especial las que se encuentran a mayor riesgo", añadió.
Asimismo, la experta señaló que el acceso al agua potable se verá amenazado por dos frentes distintos según la geografía de la crisis: "En inundaciones el problema es la calidad (contaminación de pozos y redes por desborde de alcantarillas). En sequía el problema es la cantidad: menos agua compromete la higiene y empuja hacia fuentes inseguras".
Hace unos meses se declaró el fenómeno de El Niño, y en un nuevo informe de la NOAA, vemos su intensificación
Los riesgos sanitarios ante la llegada de El Niño o cualquier otro tipo de evento meteorológico, que cada vez son más extremos, son evitables en medida ante la peaparación y fortalecimiento para "proteger la cadena de agua segura", explicó.