Fenómeno Therian: de un foro de hombres lobo a una tendencia viral que expuso la crisis identitaria en la era digital
La aparición de esta comunidad de adolescentes y jóvenes devela un síntoma de época, acrecentado por la digitalidad, el individualismo y la pospandemia. Su protagonismo acaparó gran parte de la atención y las discusiones de los últimos días.
Un "therian" en San Luis intento atenderse en una veterinaria porque tenía "moquillo" https://t.co/FkTfomNrGH
En las redes, en la oficina, en la mesa familiar y en los grupos de WhatsApp, una palabra ocupó el centro de la escena y se repitió como un eco: therian. El auge no responde solo a la curiosidad, también activa la burla, enciende alarmas sociales y despierta discusiones políticas, algunas que parecen ser sacadas de otro tema.
En pocos días, el fenómeno combinó dos impulsos que rara vez convivieron, ya que una parte de los sectores ligados a la derecha lo usó para polemizar con la autopercepción ligada al género, mientras un sector opositor o progresista evitó defender algo que no entendió del todo. Entre la risa y el rechazo, quedó una pregunta menos espectacular y más real: qué expresó, en términos culturales, la aparición masiva de adolescentes que se mostraron en cuatro patas, con máscaras, aullidos y videos virales.
La psicóloga Daniela Gasparini lo describió sin rodeos: "Irrumpió de repente esta nueva forma de presentarse de muchos adolescentes y jóvenes, identificándose con animales". Pero lo “repentino” tuvo una historia previa, larga y digital.
El origen de los therian Aunque el boom explotó con TikTok y los reels, la comunidad therian no nació ayer. Su genealogía se conectó con el primer internet social, esa etapa previa a la World Wide Web donde las identidades ya buscaban nombre y comunidad.
En Usenet, red descentralizada creada en 1979 en la Universidad de Duke, se armaron foros temáticos globales que funcionaron como antecedente directo de las comunidades actuales. Allí se popularizaron incluso términos como “spam”, y también se formaron salas de discusión con reglas propias.
A comienzos de los 90, un espacio llamado alt.horror.werewolves se dedicó a ficción sobre hombres lobo, hasta que un usuario rompió el molde: en noviembre de 1993, el posteo de Ron P dejó de hablar de historias y contó experiencias personales, sueños intensos y sensaciones internas de identificarse con un animal.
Ese gesto produjo algo muy típico de internet, donde lo que era raro en soledad encontró reflejo en otros. En poco tiempo, aparecieron relatos similares y la conversación dejó de tratar sobre monstruos para tratar sobre identidad.
En diciembre de 1994, un miembro llamado James Harrion III propuso el término therianthropy como concepto general, y el grupo lo adoptó. Ese mismo año organizaron un encuentro presencial llamado Howl, en Ohio, que convirtió una identidad narrada en el foro en una pertenencia concreta, con cuerpos, caras y experiencias compartidas.
De la experiencia interna a la performance visible Lo que hoy se volvió viral no fue solo una idea, también fue un modo de mostrarse. Muchos jóvenes empezaron a subir videos haciendo quadrobics, una práctica que imitó movimientos animales: correr, saltar y jugar en cuatro patas.
El sociólogo Octavio Stacchiola, investigador del CONICET, explicó a Ámbito por qué esa visibilidad no surgió de la nada: "Las redes sociales no crean el fenómeno, pero lo amplifican y lo organizan. Permiten que experiencias individuales que antes podían vivirse en soledad encuentren nombre, comunidad y validación".
Esa “validación” no quedó solo en el plano simbólico. Para algunos, el lenguaje therian fue la manera de ordenar una experiencia interna que no encajó en categorías conocidas, y que recién cobró sentido cuando apareció una palabra para nombrarla.
Baguala, therian que se identifica como lobo, lo resumió desde adentro para este medio: "Ser Therian no fue una decisión, en sí fue un descubrimiento. Desde chiquito sentía que no encajaba del todo, me gustaba estar solo en el bosque, me emocionaba mucho cuando veía lobos en documentales y a veces tenía esos cambios que no entendía".
Esa vivencia se volvió más contundente cuando encontró un marco: "Tuve que investigar mucho hasta encontrar el término ´therian´ cuando tenía 14 años. En ese momento todo tuvo sentido, como si encontrara la explicación a algo que llevaba conmigo toda la vida".
Qué significa ser therian Para evitar confusiones, Stacchiola ofreció una definición sociológica clave: "En términos generales, una persona therian es alguien que experimenta una identificación profunda - simbólica, subjetiva o espiritual— con un animal no humano. No se trata necesariamente de creer biológicamente que se es un animal, sino de sentir una conexión identitaria que forma parte de su autodefinición".
Esa distinción importó porque el debate público mezcló conceptos: identidad, juego, cosplay, patología y sexualidad. En esa licuadora mediática, el fenómeno pareció más grande de lo que fue, y también más peligroso de lo que mostró.
El sociólogo Agustín Pérez Marchetta planteó en diálogo con Ámbito una crítica directa al modo en que se construyó el tema: "Me parece que está sobredimensionado y hay una cuestión de que el rol de entretenimiento de los medios y de las redes está ganando el rol de información".
En el mismo sentido, advirtió que circulan más comentario sobre therians que voces en primera persona: "Yo estuve indagando, investigando en redes y hay más bien noticias que no hablan en primera persona sino personas hablando del fenómeno".
Y señaló un clima de hostilidad: "Me parece que hay un tratamiento bastante prejuicioso, discriminativo y no sé si hasta estigmatizador en los medios, con muchas burlas, con mucha cuestión peyorativa de la dimensión".
Adolescencia, crisis y deseo de ser “no humano” La psicología leyó el fenómeno como síntoma de época, no como rareza aislada. Gasparini lo ubicó en el territorio clásico de la adolescencia: "Son principalmente adolescentes que atraviesan una de las etapas más complejas de su vida, una etapa de muchas crisis identitarias donde cambian su cuerpo, sus ideas, sus emociones, sus deseos. Además, quieren distanciarse totalmente de sus padres y rebelarse".
En ese tramo vital, la pertenencia pesa tanto como la diferencia. "Tienden a una identificación con sus pares, chicos y chicas de su edad", explicó. Y agregó una idea que ordena buena parte del debate: "Entonces, en esta crisis de identificación, estos chicos se identifican con algo no humano. Su ideal de yo, su ideal a seguir o de ser, es básicamente un animal".
Gasparini propuso una lectura simbólica dura: "Lo notorio de identificarse con un animal es que éste no está atravesado por el lenguaje, no se pregunta, no se angustia, no le falta nada. Además, se maneja por instinto y no tiene perspectiva de futuro".
En esa descripción apareció un trasfondo social: el futuro como amenaza, la exigencia como mandato, el cuerpo como campo de batalla y el rendimiento como norma. Según Gasparini: "Por supuesto, influye el boom de las redes sociales y todo el consumo excesivo que hay, donde hay mandatos que son totalmente imposibles de sostener".
Shifts, manada y pertenencia La experiencia therian no se limitó a usar una máscara. Muchos hablaron de episodios llamados shifts, cambios en la forma de sentir o comportarse, sin perder contacto con la vida cotidiana.
Baguala lo explicó desde la sensación corporal e interna: "Para mí, ser therian es parte de quién soy, como tener otra capa en mi identidad que no elegí y que no se puede cambiar. No es una fantasía ni un disfraz siento cosas como una mayor sensibilidad a los olores, ganas instintivas de explorar espacios abiertos o mantenerme alerta a mi alrededor".
En su testimonio, los shifts fueron un núcleo emocional fuerte: "Los shifts son lo más fuerte, a veces mi mente se siente más lobuna, pienso en términos de manadas, territorios y supervivencia, la verdad, no es algo que pueda controlar, simplemente es así".
La pertenencia funcionó como refugio frente al juicio social. "Es como volver a la manada. En grupos de therians no tenés que explicarte, todos entendemos lo que es sentirte así", contó. Y definió esa comunidad como un espacio de descanso: "No es tanto un escape, si no que es como un lugar donde finalmente te sentís en casa, donde tu identidad es válida y respetada".
El estigma y la violencia sobre la comunidad therian La viralidad trajo exposición y también castigo. Baguala lo narró en términos de experiencia social: "Padecemos la burla y la mirada ajena más de lo que nos gustaría. La gente suele confundirme con un furry o pensar que estoy jugando a los animales. Recibi burlas en la escuela, comentarios hirientes en redes y hasta miradas de extrañeza cuando menciono cómo me siento".
El punto no fue solo la incomprensión: fue el clima de agresividad. Gasparini lo advirtió: "También percibí últimamente mucha violencia y agresividad en las redes sociales, sobre todo contra los therian".
Pérez Marchetta llevó esa preocupación a una dimensión política: "Hay que evitar ridiculizarlos, discriminarlos y que eso pueda llevar a la estigmatización y cierto repudio social… porque se está habilitando la violencia simbólica". Su argumento fue claro, resaltando que cuando una identidad se vuelve objeto de burla sistemática, puede convertirse en blanco legítimo.
Stacchiola coincidió con esa alarma y la formuló como advertencia cultural: "Suele haber una estigmatización hacia los therians. Toda identidad que se aparta de lo considerado ´normal´ genera incomodidad y, muchas veces, reacción defensiva". Y planteó un giro de enfoque: "La pregunta no debería ser cómo corregir la diferencia, sino cómo comprender qué es lo que está tratando de expresar eso que es diferente".
¿Es un trastorno? ¿Es “una moda”? ¿Hay que preocuparse? En el sentido común, la identificación con un animal se asoció rápido con una patología. Sin embargo, el consenso que citó la información disponible señaló que la comunidad therian no se originó necesariamente en un trastorno, y que en muchos casos funcionó como exploración identitaria y búsqueda de pertenencia.
Un estudio de 2019, publicado en la revista Society & Animals por Helen Clegg, Roz Collings y Elizabeth Roxburgh, comparó a 112 therians con 265 personas no therians, midió bienestar, retraimiento social y autonomía, y encontró un dato interesante: aunque los therians reportaron mayores dificultades sociales, la identificación therian pareció modificar cómo esos rasgos impactaron en su sensación de independencia.
En palabras simples, para algunas personas, nombrar esa experiencia y pertenecer a una comunidad no resolvió todo, pero ayudó a organizar una identidad coherente, algo especialmente valioso en edades donde el yo todavía se arma con prueba y error.
En este punto, Gasparini insistió en no caer en la trampa de patologizar por reflejo: "No patologizar a estos chicos, no significa que no haya sentimientos. Acá viene la gran pregunta de qué pasa en la adolescencia y la juventud, que pasa con esos estereotipos inalcanzables, esos modelos ideales".
También introdujo un criterio de cuidado: "Cuando pensamos en un animal, estamos pensando en el instintio, en el impulso. Acá es donde no media el lenguaje y no media la norma, la ley. Ahí es donde hay que tener cuidado que no se desate una agresividad como el caso de córdoba".
Su cierre apuntó a una salida de contención, no de persecución: "Busquemos ayuda y contención psicoemocional en salud mental, tanto para los adultos como para los chicos."
La identidad líquida, las tribus digitales y el lugar de lo therian El trasfondo sociológico del fenómeno se entendió mejor si se lo sacó del chiste y se lo puso dentro de la época. Durante gran parte del siglo XX, la identidad se organizó alrededor de instituciones estables, especialmente el trabajo. Ese orden se debilitó, y con él se fragmentaron pertenencias.
La idea de Zygmunt Bauman sobre la “modernidad líquida” describió un mundo de vínculos inestables, Anthony Giddens planteó el yo como proyecto reflexivo, y Andreas Reckwitz habló de una “sociedad de las singularidades” donde la diferenciación cultural ganó centralidad. En esa línea, Michel Maffesoli describió “tribus” contemporáneas, agrupamientos afectivos que funcionaron más por reconocimiento compartido que por estructuras rígidas.
Stacchiola lo conectó con el presente digital: "Sociológicamente te diría que puede leerse como una forma contemporánea de exploración identitaria, especialmente en adolescentes. Esto se da en un contexto donde las categorías a partir de las cuales se construyen esos ensayos identitarios son más abiertas y menos rígidas que en el pasado".
Además, vinculó el auge con la pospandemia, precariedad e incertidumbre: "Hay varios factores que hicieron crecer el fenómeno. La pospandemia intensificó la vida digital y amplió la exposición de identidades minoritarias. Además, estamos en un contexto de alta incertidumbre social, precariedad juvenil y fuerte autoexigencia".
"Ciertas expresiones que pueden parecer efímeras o naifs también pueden leerse como formas de canalizar malestares más profundos", agregó a modo de hipótesis.
Pérez Marchetta lo describió con otra imagen: "Me parece que es una época en la cual los jóvenes han crecido más aislados, dentro de las cuevas aterciopeladas, diría un teórico inglés. Y esto hace que las personas vayan construyendo su subjetividad y su identidad con lo que tienen a mano".
El fenómeno como un espejo incómodo En el debate público, muchas personas se indignaron con algo que no les afectó en la vida real. Ese dato también dice algo, donde el therian funciona como pantalla, como chivo expiatorio o como entretenimiento colectivo para descargar frustraciones.
Pérez Marchetta fue explícito en esa crítica cultural: "No hay ningún problema, mientras no lastime un tercero. Para mí es un firewall, es un protector de pantalla para invitarnos a perder el tiempo, a estar ahí a la saga de algo que lo ridiculizan todo el tiempo, que lo presentan como exótico".
En paralelo, la discusión sobre “identificarse” y “autopercibirse” se coló como batalla política. Stacchiola distinguió los niveles: identificarse implica reconocerse en rasgos o símbolos, autopercibirse supone una autodefinición más profunda, acorde a una cultura que entendió la identidad como construcción activa.
En ese contexto, el auge therian expresa algo más amplio que un video de cuadrobics, expone una forma contemporánea de buscar sentido, pertenencia y relato, en un mundo donde las grandes certezas se debilitaron y donde la pantalla organizó cada vez más la vida social.
Quizás por eso, el fenómeno provocó tanto ruido: no por su tamaño real, sino porque puso frente a todos una pregunta que incomodó más que el aullido. Como planteó Gasparini: "La pregunta que hay que hacerse es por qué tenemos una sociedad donde hay niños, jóvenes y adolescentes que se están identificando con figuras no humanas. Cuál es la crisis real de identidad y la crisis de representación que hay en nuestra juventud".
"Con mi círculo cercano y en la comunidad sí, puedo hablar de eso y hasta hacer cosas como llevar collares, colas o pasar tiempo en lugares naturales que me hacen sentir bien. Pero en público o con personas que no conocen el tema, suelo callarme para evitar problemas. Me gustaría poder ser tan abierto como cualquier otra parte de mi identidad, pero todavía hay mucho desconocimiento que hace que sea difícil", expresó Baguala respecto a la libertad para mostrarse como therian.
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IMAGEN ARCHIVO Comité para la Prevención de la Tortura de la Provincia del Chaco