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Los éxitos no llegan
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Milei alardeó en Davos de lo que carece en la Argentina
El Presidente fue a Suiza para atacar al socialismo, pero, sobre todo, para intentar justificar moralmente las acciones de Donald Trump. La idea de que el capitalismo es justo y éticamente irreprochable implica una postura hipócrita: mientras Milei hacía su discurso, en la Argentina pasaban cosas que lo contradecían.

Por Marcos Cittadini


Esta semana, el presidente Javier Milei participó por tercer año consecutivo del Foro de negocios de Davos. A diferencia de sus dos presentaciones anteriores, su discurso fue menos disruptivo y, por eso, generó poca controversia.

El del primer año buscó denunciar las iniquidades del socialismo del siglo XXI, pero terminó acusando de colectivistas a buena parte de los presentes —dirigentes del capitalismo más profundo— y consagrando una idea estrambótica: que los empresarios monopólicos son los verdaderos héroes del presente. En vísperas de la vuelta de Donald Trump al poder y con Elon Musk como principal promotor, la postura de Milei anticipaba el alineamiento cerril que vendría.


En su aparición del año pasado, la sospecha se confirmó, entre visitas a Silicon Valley y persecuciones dignas de un fan quinceañero al presidente norteamericano. Milei eligió al wokismo y la ideología de género como destinatarios de sus invectivas y llegó a asegurar que, en sus formas más extremas, conducían a la pedofilia. El discurso, destinado a una corriente que en la Argentina no ha tenido ningún desarrollo, generó, sin embargo, una importante marcha antifascista en su contra en nuestro país.

En esas dos ocasiones, no fueron pocos los que notaron que, a diferencia de lo que hacen otros líderes del mundo, el discurso de nuestro presidente está siempre dirigido a auditorios foráneos, prescindiendo de las preocupaciones nacionales. Todos los presidentes le hablan al mundo, pero lo hacen pensando con perspectiva y de acuerdo al interés nacional. Eso con el libertario no pasa. Todos sus viajes, y podría decirse que todo su diseño de política exterior, están basados en el lucimiento de su figura y buscan alimentar su aventura personal.

Javier Milei fue a Davos este año más como un panelista que como un presidente. Y, de hecho, su discurso mostró la única marca constante de política exterior que puede reconocérsele a este gobierno, que es hacer trumpismo. Su participación fue un libelo que volvió a atacar al socialismo, pero que, sobre todo, intentó justificar moralmente las posturas y acciones del presidente norteamericano. La idea de que el capitalismo de libre empresa es justo y éticamente irreprochable se da de bruces con las tendencias de insatisfacción crecientes en el mundo, pero, además, implica una postura hipócrita.

Mientras Milei hacía su discurso en Davos, en la Argentina pasaban cosas que lo contradecían. Cuando habló del derecho a la propiedad privada, el presidente argentino aseguró que "estos derechos se complementan con el principio de no agresión, el cual establece que ningún ser humano tiene derecho a ejercer agresión de ningún tipo contra otro ser humano, lo cual no solo incluye la agresión física, sino también todo tipo de coacción, coerción y oposición bajo amenaza de uso de la fuerza". Es llamativo que, casi a la misma hora en la que decía esto, los manifestantes por los derechos de los jubilados eran reprimidos como tantas otras veces frente al Congreso.

Pero además, como si el salario no formara parte de la propiedad privada, los trabajadores activos de nuestro país han estado perdiendo poder adquisitivo de modo sostenido durante el último tiempo. Según el INDEC, los salarios tuvieron un alza del 1,8%, muy por debajo del 2,5% que creció la inflación en el mismo mes. En el sector privado registrado mostraron un incremento mensual del 2,1% y en el público, del 1,2%. En la comparación interanual, la suba alcanzó el 29,1%, un porcentaje que está lejos de compensar el golpe inflacionario acumulado (31,4%).

Quizás por eso se expliquen los resultados de la Encuesta de Tendencia de Negocios para la industria manufacturera y las expectativas para el próximo trimestre, que también hace el INDEC. A la pregunta de qué cambios espera en el volumen de producción durante enero-marzo respecto a la magra situación actual, el 23,1% afirmó que disminuirá, el 11,2% que aumentará y el 65,6% que no variará. Sobre la cartera total de pedidos de clientes en diciembre, el 54,1% lo calificó por debajo de lo normal y apenas el 3,6%, por encima.

Es llamativo que el Presidente se pasee por foros internacionales señalando el "fracaso del socialismo" mientras los éxitos de su modelo parecieran no llegar nunca.



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