Domingo, 25 de Enero de 2026
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La democracia necesita disenso
Domingo, 25 de enero de 2026
El silencio impuesto: Cuando el Estado ataca la pluralidad
Cada 25 de enero, el periodismo argentino no recuerda una efeméride festiva, sino una herida abierta. Ese día, en 1997, el reportero gráfico José Luis Cabezas fue asesinado por mostrar lo que el poder quería ocultar. Desde entonces, la fecha quedó marcada como un recordatorio brutal: cuando el poder señala, la democracia retrocede. Por qué las campañas de desprestigio contra medios chaqueños como EsChaco son una señal de alarma para la democracia.




En una democracia sana, el periodismo no es un club de amigos del poder, sino un contrapeso necesario. Sin embargo, en la provincia del Chaco, bajo la administración del gobernador Leandro Zdero, se han encendido las alarmas ante lo que muchos denuncian como una estrategia orquestada desde el Estado para asfixiar, desprestigiar y finalmente silenciar a las voces disidentes. Los casos de EsChaco, Castelli Hoy, Ciudad Latente, Radio Clan, ChacoTV, Diario QCH, Chaco Prensa, TV Local, 362 Noticias, Alejandro Mamani y Roberto Espinoza son el ejemplo más reciente y palpable de un modus operandi que pone en riesgo las garantías constitucionales básicas.

Lo que podría ser una disputa política o un "recorte de gastos", revela una mecánica de censura indirecta pero brutalmente efectiva. No se trata solo de la discrecionalidad en la pauta oficial —una herramienta que, utilizada como premio y castigo, ya constituye un delito contra la libertad de prensa—, sino de una avanzada más oscura: la campaña de desprestigio sistemática.

Imágenes viralizadas, operaciones en redes sociales y discursos oficiales que buscan criminalizar la opinión ajena son parte de una "patrulla mediática" cuyo objetivo no es debatir ideas, sino destruir al mensajero. Al atacar a medios como EsChaco, que en sus 13 años de vigencia han dado espacio a sectores que hoy no encuentran eco en la narrativa oficialista, el gobierno no solo ataca a un medio autogestivo o a un periodista: ataca el derecho de la ciudadanía a estar informada desde múltiples perspectivas.



El peligro del discurso único

El verdadero peligro para la democracia radica en la construcción de un monopolio de la verdad. Cuando el gobierno de Zdero intenta acallar voces críticas, busca instalar una realidad única donde no existen el conflicto social, los despidos ni los reclamos sectoriales.

Medios como EsChaco suelen ser la caja de resonancia de trabajadores, movimientos sociales y ciudadanos de a pie. Si se apaga ese micrófono, esos reclamos dejan de existir para la agenda pública.
El mensaje disciplinador hacia el resto del periodismo es claro: "Si criticás, te asfixiamos o te destruimos la reputación". Esto genera un clima de miedo donde la investigación periodística retrocede.

Un gobierno que no tolera la crítica es un gobierno que se niega a rendir cuentas. La libertad de expresión no se defiende permitiendo que hablen los que aplauden, sino garantizando la seguridad y la viabilidad de los que cuestionan. Las campañas orquestadas para tildar de "enemigos" a los medios opositores recuerdan a las peores prácticas autoritarias, donde el disenso se confunde con traición.


Recordar a Cabezas es mirar el presente

El crimen de José Luis Cabezas no fue solo un asesinato: fue un mensaje mafioso contra la prensa y contra la sociedad. Por eso, cada 25 de enero interpela especialmente a los gobiernos. El Estado tiene la obligación de garantizar la pluralidad, no de administrarla según conveniencia política.

Defender hoy a medios como EsChaco no es una consigna partidaria ni una defensa corporativa. Es una defensa del derecho a disentir, del periodismo como contrapeso y de la democracia como sistema vivo, incómodo y plural.

Si permitimos que el aparato estatal se utilice para demoler la reputación de quienes piensan distinto, estaremos aceptando que en el Chaco la libertad es solo para quienes tienen el permiso del poder de turno.

Porque cuando el poder vuelve a señalar al periodismo, la pregunta no es qué medio será el próximo, sino qué sociedad estamos dispuestos a aceptar. Y porque, como enseñó la historia argentina, el silencio impuesto nunca es inocente.


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