Córdoba ganó el Premio Desafío “Hierros Líder” con la obra “Metamorfosis Interna”
Hay un momento, en cada edición de la Bienal Internacional de Escultura del Chaco, en que el futuro deja de ser una promesa abstracta y se vuelve tres nombres concretos, parados frente a una obra que hicieron con sus propias manos.
Ese momento llegó hoy para Néstor Fabián Ponce, Luca Daniel Vargas Ferreyra y Gustavo Julián Pizarro, estudiantes de la Universidad Provincial de Córdoba, Facultad de Arte y Diseño, que se llevaron el Premio Desafío “Hierros Líder” —un premio único, el más alto reconocimiento de este certamen pensado para estudiantes— con su obra “Metamorfosis Interna”. Un título que, visto desde hoy, parece hablar tanto de la pieza en sí como del propio recorrido de quienes la crearon: de estudiantes a artistas reconocidos, en el mismo predio donde compiten maestros de talla internacional.
Pero el Premio Desafío no se agota en un solo nombre. Junto a los cordobeses, otros tres equipos de distintos puntos del país recibieron sus reconocimientos, en una edición que confirmó que el talento joven no tiene una sola geografía. El primer reconocimiento fue para “Illam”, del equipo de la Universidad Nacional de Tucumán, Facultad de Artes, integrado por Ana Paula Ibáñez, María Belén Bouzou y Facundo Iván Fresia. El segundo reconocimiento quedó en casa, para el equipo del Instituto Superior del Profesorado de Enseñanza de Bellas Artes del Chaco con su obra “Urundé´y: Guardián Incorruptible, integrado por Andrea Marina Cazzaniga, Marcos Nahuel Alexis Fernández y Ricardo José Ruiz. Y el tercer reconocimiento fue para “Fragmentos”, del equipo de Ciudad de Buenos Aires de la Escuela Superior de enseñanza Artística Manuel Belgrano, Diego Alfonso Lezano, Mariela Vanina Dolce, Iván Aquina Cabrejos.
Cuatro provincias, cuatro escuelas de arte, un mismo predio: eso es, en el fondo, lo que el Premio Desafío “Hierros Líder” viene sosteniendo edición tras edición. Mientras los grandes maestros de la escultura internacional trabajan a metros de distancia, puliendo sus obras para la competencia mayor, un grupo de estudiantes aprende, en el mismo barro y el mismo metal, que el arte también se puede empezar a construir siendo joven —y que Resistencia, la ciudad de las esculturas, es también la ciudad donde ese comienzo encuentra su primer gran escenario.