Avanza un proyecto que desarrollará el primer registro sistemático de polen atmosférico del NEA
La licenciada Lorena Noemí Duarte lleva adelante este estudio sobre la dinámica del polen atmosférico, bajo la dirección de la doctora Cristina Salgado Laurenti y codirección de la doctora Laila Miguel.
Lorena Noemí Duarte, becaria de la Secretaría General de Ciencia y Técnica de la UNNE relevará durante dos años los tipos y cantidades de polen presentes en el aire de la ciudad de Corrientes y su relación con variables meteorológicas. La investigación, desarrollada en el Instituto de Botánica del Nordeste, permitirá identificar qué especies vegetales aportan polen a la atmósfera en cada época del año y cómo influyen la temperatura, las lluvias y el viento en su dispersión.
Al caminar o correr por las calles de la ciudad de Corrientes, se respiran sin saberlo miles de partículas invisibles. En ese paquete invisible que se inhala hay granos de polen, liberados por hierbas, arbustos y árboles, que forman parte del paisaje urbano. Esas partículas pueden provocar alergias a la población sensible o informar sobre el estado del ambiente.
Hasta el momento no se ha medido de manera sistemática qué tipos de polen están en el aire de Corrientes, en qué épocas del año aparecen y qué relación tienen con la temperatura, la lluvia o el viento.
Es un desafío que asumió estudiar Lorena Noemí Duarte, licenciada en Ciencias Biológicas, en el marco de una beca de Investigación de Tipo I otorgada por la Secretaría General de Ciencia y Técnica de la Universidad Nacional del Nordeste (UNNE).
Su proyecto se titula «Dinámica del polen atmosférico y su relación con variables meteorológicas en la ciudad de Corrientes» y se desarrolla en el Instituto de Botánica del Nordeste, de doble dependencia UNNE-CONICET, bajo la dirección de la doctora Cristina Salgado Laurenti y codirección de la doctora Laila Miguel.
Vacío de información. En Argentina, el estudio del contenido de polen en el aire (Aeropalinología) tiene antecedentes en el centro y sur del país: hay centros de monitoreo en Catamarca, Córdoba, Bahía Blanca y Bariloche. Pero en el NEA, esos registros son casi inexistentes. Para Corrientes, solo existían dos estudios previos, ambos con métodos de captura que no permiten medir con precisión la cantidad de granos de polen en un volumen determinado de aire, ni establecer relaciones con los datos meteorológicos.
Ese vacío de información impulsó la investigación de Duarte. La ciudad de Corrientes tiene más de 350.000 habitantes y un clima templado cálido, con lluvias concentradas en primavera y temperaturas que en verano pueden superar los 33 grados. Su vegetación urbana incluye árboles nativos—como el lapacho y el timbó— junto con especies traídas de otras regiones del mundo. Toda esa vegetación produce polen, y ese polen viaja por el aire.
Variabilidad estacional. La hipótesis que buscará demostrar la licenciada Duarte es que el tipo y la cantidad de polen en el aire de Corrientes no es uniforme a lo largo del año, sino que varía según las estaciones. En otoño e invierno, predominaría el polen de plantas que se dispersan exclusivamente por el viento (taxones anemófilos) —sin necesidad de insectos (taxones entomófilos). En primavera y verano, cuando florecen más plantas que dependen de abejas, mariposas y otros insectos para reproducirse, el polen presente en el aire se volvería más variado.
Duarte parte del supuesto de que esas variaciones no son aleatorias: responderían a condiciones meteorológicas concretas de nuestra zona. La velocidad del viento, la temperatura y la cantidad de lluvia caída tendrían influencia directa sobre cuánto y qué tipo de polen hay en el aire en un momento dado.
Si estas suposiciones se confirman, el resultado sería un calendario del comportamiento del polen a lo largo del año: un recurso que hoy no existe para ninguna ciudad del noreste argentino.
Qué va a hacer para comprobarlo. El dispositivo que utiliza para realizar el trabajo está instalado en la terraza de la Facultad de Ciencias Agrarias de la UNNE, a siete metros de altura, su nombre es Captador Volumétrico Rotorod. Se trata de un aparato que gira a alta velocidad durante breves intervalos y captura por impacto las partículas suspendidas en el aire, entre ellas los granos de polen. Cada día, se retira una pequeña varilla de ese dispositivo, cubierta con una sustancia adhesiva donde quedaron pegados esos granos.
Como parte del plan de trabajo la licenciada Duarte recolectará flores de las plantas que encuentra en floración en distintas épocas del año. Esas varillas son llevadas al Laboratorio de Palinología del Instituto de Botánica del Nordeste, donde se analizan bajo microscopio. Con una técnica de tinción que hace visible la estructura de los granos, la becaria identifica a qué tipo de planta corresponde cada uno y los cuenta. A partir de una fórmula matemática, convierte ese conteo en una concentración: cuántos granos de polen de un tipo determinado hay en cada metro cúbico de aire.
Este proceso se repetirá todos los días durante al menos dos años, lo que implica analizar unas 730 muestras en total. Con ese volumen de datos, será posible ver tendencias, comparar años y detectar patrones que no serían visibles con muestras aisladas.
Paralelamente, Duarte también recolectará flores de las plantas que encuentra en floración en distintas épocas del año. Con ellas preparará muestras de referencia para una colección que funciona como una «biblioteca» de pólenes del noreste argentino (palinoteca): cuando aparezca un grano desconocido en las muestras de aire, podrá compararlo con los de esa colección para identificarlo. Además, construirá un catálogo fotográfico de los pólenes de la región.
Para analizar la relación entre el polen y el clima, se compararán los datos del muestreo con registros de temperatura, lluvia, humedad y velocidad del viento, provistos por el Instituto Correntino del Agua y el Ambiente (ICAA) y por la estación meteorológica del aeropuerto de la ciudad de Corrientes.
Las varillas retiradas del Captador Volumétrico Rotorod son llevadas al Laboratorio de Palinología del Instituto de Botánica del Nordeste, donde se analizan bajo microscopio.
Importancia de los datos a conseguir. La utilidad más inmediata de este trabajo es sanitaria. En la actualidad, un médico alergista que atiende a un paciente con alergia respiratoria en Corrientes no cuenta con información local sobre qué plantas producen más polen y en qué época. Los resultados de esta investigación permitirían, por ejemplo, que un especialista sepa que en determinado mes hay una concentración alta de un tipo de polen al que el paciente es sensible y pueda anticipar el tratamiento.
La información que la Licenciada Duarte obtenga podrá usarse en estudios sobre cambio climático, porque las variaciones en los patrones de floración son uno de los indicadores de cómo el clima está transformando los ecosistemas. Y servirá para tomar decisiones de planificación urbana: qué especies plantar en las plazas y veredas de la ciudad, teniendo en cuenta cuáles producen más polen con potencial alergénico.
Con respecto a esto, la becaria también prevé actividades de transferencia hacia la comunidad y hacia las autoridades municipales, con charlas, fichas técnicas sobre las especies del arbolado urbano y publicaciones en redes sociales institucionales.