El precio de educar en el modelo Milei-Zdero: Sin rutas ni boleto, maestra rural se salvó de milagro tras chocar con su auto
El accidente de una profesora de Quitilipi que viajaba a dar clases a Pampa del Indio expone el doble castigo del gobierno radical-libertario: salarios de miseria y rutas destruidas por la motosierra.
La lluvia y el barro no fueron un impedimento para que una docente de la Escuela Secundaria 190 de Pampa del Indio cumpliera con su deber. Sin embargo, el pésimo estado de la ruta por falta de obras, potenciado por las inclemencias del tiempo, terminó por destrozar su vehículo cuando se dirigía a la escuela rural.
Lo que podría leerse como un simple siniestro vial es, en realidad, la foto de una tragedia anunciada: el abandono del interior por parte de un gobierno que hace gala del ajuste.
Mientras el gobernador Leandro Zdero y sus ministros se desplazan cómodamente en vehículos oficiales pagados por los impuestos de todos, los docentes chaqueños ponen su propio auto y su propia vida en cada viaje.
A esto se suma una situación salarial que es dramática: el Zorro incumple desde junio del año pasado el pago de la cláusula gatillo, un mecanismo que actualizaba los salarios por inflación. Esta decisión implica una confiscación de facto del 25% del poder adquisitivo de los educadores, hundiendo sus sueldos por debajo de la línea de la pobreza.
A este abandono salarial se suma la falta de políticas de transporte. Sin un boleto docente ni un sistema que garantice el acceso a las escuelas, el gobierno radical-libertario transfiere los costos de la educación a los trabajadores. Pero el combo letal lo completa el socio nacional de Zdero, el presidente Javier Milei, cuya motosierra eliminó la obra pública por completo, dejando que las rutas chaqueñas se conviertan en trampas mortales por la falta de lo más básico y de sentido común: el mantenimiento vial.
Esta docente de Quitilipi no es una excepción, es la regla. Cientos de colegas arriesgan su patrimonio y su integridad física a diario para llegar al aula. Ante este desastre, la pregunta es obligada: ¿quién se hace cargo cuando un docente pierde su herramienta de trabajo -su auto- o, peor aún, su vida?.
La educación en Chaco no se sostiene con discursos de ajuste ni con fotos de escritorio. Se sostiene, literalmente, sobre el lomo y el bolsillo de los docentes que, contra viento, marea y rutas destruidas, aún llegan a dar clases.