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FORO INTERNACIONAL
Viernes, 19 de agosto de 2016
Daniela Palumbo: Los niños no son vasos vacíos que se deben llenar con nuestras convicciones
Así lo expuso la escritora italiana quien participó del 21º Foro por el Fomento del Libro y la Lectura en la mesa de debate acerca de los "temas díficiles" en la literatura infantil. Compartió el panel con Jairo Buitrago (Colombia), Ines Garland (Argentina) y Afonso Cruz (Portugal)

"Los niños no son vasos vacíos que se deben llenar con nuestras convicciones", consideró la escritora italiana Daniela Palumbo en el marco de su visita al Foro por el Fomento del libro y la lectura en Resistencia, donde participó de un debate acerca de los "temas díficiles" en la literatura infantil, acompañada por otros escritores que al igual que ella creen en la vitalidad enriquecedora de escribir sin pruritos.

Si existen o no temas complicados para los niños es materia de discusión desde que la literatura, precisamente, encasilló a sus lectores entre chicos, jóvenes y adultos. Ante tanta producción -en la Argentina la literatura infanto juvenil ocupa el tercer puesto de libros publicados-, mediadores, bibliotecarios y educadores muchas veces no saben qué elegir y para evitar incomodar se inclinan hacia tramas más lavadas, donde no caben el dolor ni el horror.

Porque sin dudas es una discusión siempre vigente, y para sembrar preguntas y disipar confusiones en los mediadores, el 21º Foro por el Fomento del libro y la lectura dedicó una de sus mesas a pensar sobre el tema y lo hizo acercando un completo panorama internacional con la cocina de quienes se dedican a escribir para chicos, con invitados de Italia, México, Colombia, Portugal y la Argentina.

Para Laura Guerrero Guadarrama, académica de la Universidad Iberoamericana de México, en la actualidad hay dos tendencias reconocibles en la literatura para niños: la neoconservadora y la neosubversiva, la primera muestra "una imagen anquilosada de la infancia como paraíso perdido". La segunda en cambio, en lo que atañe a los debates que tuvieron lugar en Chaco, no le teme a tabúes: haba de muerte, violencia, guerra o sexo.

"Es necesario escribir sobre temas díficiles, tener palabras para contarlos", opinó a su turno Inés Garland, escritora para chicos y adultos, autora de tÍtulos como "El jefe de la manada" y "Piedra, papel y tijera", que -siguiendo a la académica mexicana- prestan atencion más en cómo contar que en qué contar, sin censuras ni moralinas. "Un libro no juzga, nos cuenta", sostuvo Garland.

Desde Italia, Daniela Palumbo sumó su experiencia a la puesta en ideas, ya que es autora de "Las maletas de Auschwitz" (Norma), un libro potentemente emotivo sobre algo difícil: la guerra. Con esa novela -ganadora del premio Barco de Vapor italiano en 2010- abordó el Holocausto a través de cuatro historias de niños arrebatados por el nazismo y cruzados por el escenario de ese campo de concentración, acaso el más famoso de todos después de la literatura de Primo Levi. Cuando lo visitó, Palumbo sintió un silencio desgarrador.

Además de escritora, Palumbo es periodista y en una y otra profesión tuvo siempre una mirada comprometida, política y social. Y sus ojos de cronista la llevaron a reconstruir literariamente, aunque rigurosa en documentación, historias por fuera de Europa, como ocurrió con "Bajo el cielo de Buenos Aires", una novela sobre niños apropiados ilegalmente en la Argentina que pronto publicará aquí la editorial Norma.

Antes de desembarcar en Resistencia, Palumbo hizo una breve y fugaz parada en Buenos Aires, donde nunca antes había estado. Su primera visita fue al predio de la ex Escuela Mecánica de la Armada.

-Telam: ¿Identifica cómo aparecen los temas díficiles, aquellos sobre los que se tiene ciertos reparos como el Holocausto o la dictadura en la Argentina, en su literatura para niños?
-Palumbo: Yo creo que los temas difíciles son aquellos donde está presente un verdugo, sea un ser humano, una ideología o el destino. Contar historias difíciles es algo que me sucede; es una elección, una exigencia. Mi trabajo no tendría sentido si no se afrontasen algunos temas difíciles que nacen de mis porqués, de la urgencia de dar un sentido a la realidad del ser humano. Y para mí la cosa más compleja de escribir historias difíciles es la atracción por la crónica, un género que para mí debe ser absolutamente evitado porque la crónica termina hoy, no está en el futuro, no está en el pasado, está solo en el presente.

-T: Y en el caso de "Las maletas de Auschwitz", donde aborda el Holocausto judío ¿se puso algún reparo?
-P: Cuando me preguntan ¿cómo se puede contar la Shoah a los niños? Yo respondo que no he contado la Shoah a los niños, no he contado sobre las cámaras de gas, los asesinatos en masa, los campos de concentración. He contado los pensamientos de los niños que se encontraron imprevistamente dentro de la Shoah. Los protagonistas se preguntan ¿por qué? ¿Por qué mi amigo no me saluda más? ¿Por qué me expulsan de la escuela? ¿Por qué el vecino insulta a mi padre? Es lo absurdo de todos los verdugos, de todas las dictaduras. Lo que aparece en mis libros es la voz de los niños, no la mía.

-T: Se habló de que en definitiva "lo díficil" es, de alguna forma, la intención de evitar hablar de "lo díficil". ¿Cuál es su lectura, qué es válido y qué no?
-P: Creo que no es correcto ni tampoco sano hablar de transmisión de valores. Habitualmente me preguntan qué valores quiero transmitir a los chicos. No hay ninguna necesidad de introducir una intención de valores en aquello que se escribe, ya que de esta manera se convierte en un libro que habla de moral, y no me gusta ser moralista. Los niños no son vasos vacíos que se deben llenar con nuestras convicciones.

-T: ¿A qué se refiere?
-P: Quien hace literatura para chicos no pretende enseñar su visión del mundo, ya que la buena literatura no tiene respuestas confeccionadas. Es más, los libros deberían ser lo contrario: multiplicadores de preguntas, dudas, solicitudes de sentidos. Cuando un niño lee una historia difícil, me gustaría que se tirara dentro de esa historia. Si el lector se pregunta qué habría hecho yo en lugar de, cómo me hubiera sentido si me hubiese pasado a mí, entonces no habremos escrito en vano. El valor de la duda es el único valor absoluto que me gustaría sembrar en mis lectores.

T: Sin embargo escribir sobre los agujeros negros supone ciertos riesgos...
P: Cuando se escriben historias difíciles hay un riesgo al acecho: que se estimule la conmoción emotiva para capturar al joven lector. Pero las emociones fáciles resultarían banales con cada intento de escritura. Mi esfuerzo, entonces, es usar un tono brusco, sin efectos redundantes. Porque para contar un drama, no es necesario utilizar la palabra drama.

-T: Este tema ha sido uno de los más convocantes en el Foro, lo que refleja el interés por esa consigna de "narrar lo difícil". ¿Qué ocurre en ese sentido en la narrativa italiana actual?
-P: En los últimos años, la literatura para chicos, el menos en Italia, ha incrementado la publicación de la "narración difícil". Creo que es, en parte, porque las imágenes han tomado viento a favor sobre las palabras, pero a mi entender las imágenes definen un mundo simplificado, donde la narración del mundo se atribuye a aquello que podemos ver. En cambio la realidad es más compleja que una imagen de alta resolución que va corriendo velozmente. De aquí nace la responsabilidad, delicadísima, de los escritores de la infancia.


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