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Sábado, 4 de julio de 2015
Carbón Blanco: Changarines preparaban los contenedores que exportaban a Europa
Seis trabajadores de la planta de Quitilipi contaron sobre la precariedad de su trabajo. Desde ahora, el juez Ariel Belforte será el presidente del Tribunal del Juzgado Federal porque Rubén Quiñónez debió ausentarse definitivamente por problemas de salud que lo aquejan desde hace tiempo.


Al comenzar la audiencia, el juez Ariel Belforte se ubicó en el lugar de la presidencia del Tribunal y explicó que desde ahora él llevará adelante ese rol ya que el juez Rubén Quiñónez no volverá al Tribunal por los problemas de salud que llevaron a suspender el proceso hace diez días con la esperanza de contar con su reincorporación.

Belforte explicó que Quiñónez estuvo internado durante siete días y que le llevará algún tiempo recuperarse completamente de la afección pulmonar que lo alejó de los estrados. También se informó que desde esta jornada acompañará a los fiscales Federico Carniel y Carlos Amad, el fiscal federal Diego Iglesias, responsable de la Procuraduría de Narcocriminalidad (Procunar).


Precariedad laboral

Carbón Vegetal del Litoral era una empresa exportadora de carbón que vendía su producto en Europa, a países como Portugal. Sin embargo, lejos de lo que cualquiera pensaría, la empresa no tenía un plantel de empleados que la constituyeran como tal. El carbón que vendían en Europa lo cargaban varios changarines que formaban un pequeño plantel de trabajadores que cobraban por bolsa de carbón cargada.

Las jornadas de trabajo para cargar un contenedor eran mínimas. Llevaba dos días de trabajo, desde las 6 de la mañana hasta las 6 o 7 de la tarde en que pasaba el último colectivo para Presidencia de la Plaza, de donde eran oriundos. Se organizaban para cocinar un guiso comunitario que comían al paso en el mismo galpón, donde cargaban las bolsas.

El carbón llegaba a granel o en bolsas que debían desarmar para volver a cargar en las de Carbón Vegetal del Litoral S.R.L. Cada contenedor estaba integrado por algo más de 1000 bolsas de 20 kilos, distribuidas en pallet de 80 bolsas cada uno. A veces, el carbón era insuficiente para llenar un contenedor por lo que se suspendía el trabajo hasta la llegada de una nueva carga. También aseguraron que sólo cargaban dos contenedores por mes.

Durante los testimonios anteriores hubo controversia y suspicacias sobre los controles que el personal de Aduanas realizaba a las bolsas. El jefe de Aduanas Barranqueras, Mario Víctor Figueroa, explicó que los controles que habitualmente se le realizaban a los embarques de carbón consistían en el registro aleatorio con escáneres a una parte de la carga y abriendo las bolsas y desparramando el carbón de alrededor del 5% del contenedor.

En un testimonio anterior, el controlador Hugo Gerardo Pérez, indicó que durante el procedimiento, el verificador seleccionaba alrededor de un 10% de la carga. También el director del Departamento de Narcotráfico de Afip, Raúl Pérez Escobar, había indicado que el procedimiento establece el registro del 20% de la carga. Mientras que el ingeniero Carlos Marechal, responsable de Aduanas Clorinda, señaló que si en sus manos estaba registrar un contenedor de carbón, por lo menos registraría el 50% de la carga por las sospechas de contrabando que siempre hubo sobre el carbón.

Por su parte, todos los changarines coincidieron, aunque algunos en medio de dudas, que el personal de Aduanas, les hacían abrir y descargar todas las bolsas de carbón. Aunque quizás, esa era su apreciación después de preparar toda la carga y tener que volver a armarla después del control aduanero.

Por el contrario de lo que aseguraron los trabajadores y responsables de Aduanas que testificaron anteriormente. Los trabajadores de la planta de Quitilipi señalaron que se vaciaban todas las bolsas de carbón para revisar que adentro no hubiera pedazos de ladrillos, los que aparecían claramente en los escáneres y por los cuáles los trabajadores pensaban que se realizaban los controles.


Los testigos

En la jornada de ayer se presentaron siete testigos: Damián Andrés Polinessi es un amigo del hijo de Héctor Roberto que lo conoce desde hace 20 años cuando empezó a frecuentar la casa de la familia, acompañando a su amigo. Junto al hijo de Roberto jugaban al fútbol en el mismo club de Arroyo Seco y desde allí comenzaron una amistad que continúa hasta estos días.

Posteriormente siguieron los trabajadores de la planta de Carbón Vegetal del Litoral S.R.L.: Rito Ramón Centurión de 46 años, Eduardo Antonio Aranda de 50, Gregorio Humberto Baldovino de 56, Lucas Eduardo Aranda de 24, Delfino Ramón Godoy de 35 y Rito Rodolfo Rojas de 56. Todos aseguraron haber trabajado sólo meses entre los años 2011 y 2012 para Rubén Esquivel, quien los contrataba cada vez que debían cargar un contenedor de carbón y les pagaba por bolsas cargadas sin ningún tipo de vinculación con la empresa.

PRIMERALÍNEA


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