Jueves, 22 de Enero de 2026
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Integración regional, sin identidad local
Jueves, 22 de enero de 2026
El Chaco acompaña el chamamé en Corrientes mientras posterga su principal fiesta provincial
El Gobierno del Chaco celebra el chamamé en Corrientes mientras en Puerto Tirol lo degrada a simple espectáculo, desconociendo una construcción cultural que lleva más de veinte años. El mismo chamamé que se reivindica como política cultural regional es el que, puertas adentro, se reduce a un “evento artístico” prescindible. Se lo aplaude cuando integra agendas externas, pero se lo esquiva cuando exige decisiones políticas propias. Puerto Tirol lo sabe. Participar, posar, declarar… y después aclarar que en casa no es prioridad. Así se administra hoy una de las identidades más profundas del Chaco.


Mientras el Gobierno del Chaco exhibe presencia institucional en Corrientes y celebra la integración regional con discursos ampulosos, en casa pasa lo impensable: se anula e invisibiliza la máxima expresión chamamecera chaqueña. Afuera, el chamamé es “eje estratégico”; adentro, la Fiesta Provincial del Chamamé y Nacional del Taninero se reduce a la categoría de “evento artístico”, una etiqueta técnica que vacía de sentido lo que es hecho cultural identitario.

Confundir un festival artístico con un proceso cultural que forjó identidad es admitir —sin decirlo— una concepción de la cultura como agenda de actos y no como política pública. En Corrientes, con aciertos y errores, el chamamé se sostiene porque se entiende su densidad histórica, social y económica. En el Chaco, en cambio, se lo relativiza justo donde nació y se hizo pueblo.

El chamamé fue tejido por obrajeros, hacheros, algodoneros; por correntinos, santafesinos, formoseños y paraguayos que poblaron el Chaco húmedo. Se volvió chaqueño en las bailantas, en las letras y en las danzas, con una impronta propia. Y tuvo un faro indiscutido: Puerto Tirol, Capital Provincial del Chamamé por ley, con himno entonado por su pueblo y una construcción cultural sostenida durante dos décadas.

Estamos a días de cerrar una nueva edición de la Fiesta Nacional del Chamamé en Corrientes y no hay anuncio para Tirol. Hay, en cambio, señales de naufragio. Y sorprende que, mientras se viaja para “aprender” de la experiencia correntina, se ignore la propia, la que generó oportunidades para cientos de músicos y bailarines locales, la que hermanó al Chaco con Paraguay, Brasil y el Litoral, la que parió ideas innovadoras como la Fábrica de Acordeones Sociales.

No se trata de negar la integración regional con Corrientes —bienvenida sea— sino de no hacerlo al precio de borrar lo propio. Porque la cultura no se terceriza ni se terceriza la identidad. La paradoja es mayor cuando se recuerda que la ley que consagró a Tirol fue votada por unanimidad, incluso por quien hoy gobierna la provincia, Leandro Zdero. La memoria institucional también es política cultural.

Los tiempos son difíciles, nadie lo niega. Pero este festival nació y creció, incluso, sin apoyo en sus primeras ediciones. Resistió la pandemia con un formato virtual pionero. Se financió con herramientas como el CFI y con la convicción de un pueblo. Lo que no resiste es la desidia ni el vaciamiento conceptual.

Reducir el chamamé a “evento artístico” es desentenderse de su rol en la identidad, el turismo, el trabajo cultural y la cohesión social. Es mirar para otro lado mientras se apagan años de construcción colectiva. Y eso, en política cultural, es una decisión.

Como advierte Hugo Sager, no se destruye lo que llevó tanto sacrificio. Si hay errores, se corrigen; si hay límites, se planifica. Pero no se deja morir lo que hizo del Chaco un mojón chamamecero del país.

Porque el chamamé chaqueño no se negocia. Y si hace falta recordarlo, que sea con sapucay incluido: ¡Viva el Chamamé!


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